Los ríos de Aragón y Gállego articulan los territorios más occidentales de Huesca. Lugares que, como los valles de Ansó, Hecho, el propio río Aragón y el Serrablo, encierran paisajes, tradicionales y costumbres de gran belleza.

Lindante con Navarra, Zaragoza y Francia, cada uno de los valles de este territorio es un itinerario para descubrir la naturaleza y las historias más antiguas que dieron nombre al reino de Aragón. S. Juan de la Peña, S. Pedro de Siresa, Jaca y Canfranc son, entre otros, lugares dignos de ser visitados y en los que el viajero se encontrará con una historia sorprendente conservada hasta nuestros días a través de los monumentos que salpican sus calles y parajes naturales.
Ansó, el más occidental de los valles, concentra en la Reserva Nacional de los Valles, de la que comprende una porción, una variada muestra de la fauna pirenaica. Ansó, la villa que da nombre al valle, articula a través de sus calles un auténtico museo. Tradiciones como la del vestido propio de estos territorios, pueden contemplarse en el museo del traje. El valle de Zuriza, aguas arriba del río Veral, se convierte en escenario privilegiado para la práctica del esquí de fondo en la época invernal.

Paralelo al valle de Ansó se encuentra el de Hecho. Las calles de la villa de Hecho conservan el tipismo propio del Pirineo, al igual que sus trajes regionales, del que su ayuntamiento conserva interesantes muestras. Hacia el norte, la Selva de Oza, tras la llamada Boca del Infierno, nos abre un paisaje majestuoso en el que las montañas y el valle se conjugan en armonía.


La Jacetania, con Jaca como capital, cuenta con numerosos recursos turísticos tanto en la propia ciudad como en los parajes circundantes. Forma parte del Camino de Santiago y destacan en su interior monumentos como la catedral, de estilo románico, cuya decoración exterior dio origen a la escuela escultórica jaquesa. El museo diocesano, instalado en su interior, contiene interesantes muestras de pintura mural románica y piezas de arte religioso de indudable valor. El recinto amurallado de la ciudadela, que fue mandado levantar por Felipe II en 1594, constituye uno de los mejores ejemplos conservados de arquitectura militar europea del siglo XVII.


El Serrablo es otro de los territorios que destaca por los numerosos vestigios históricos que salpican sus pequeñas poblaciones, a cuya cabeza se encuentra Sabiñánigo. Numerosas muestras de arte románico jalonan los pueblos de la Ruta del Serrablo.

Santa Cruz de la Serós, en la ruta hacia San Juan de la Peña, destaca por sus edificios religiosos entre los de su entorno. Su monasterio benedictino y la iglesia de S. Caprasio. San Juan de la Peña es uno de los monumentos románicos más conocidos y visitados de Huesca. Su atrio de forma irregular, la sala de concilios, la primitiva iglesia mozárabe y la sala de los nobles son algunos de los espacios de este emblemático lugar. Del conjunto destaca el atrio, donde pueden contemplarse sus bellos capiteles historiados del siglo XII.


Pero en este amplio territorio -además de una importante muestra monumental- la gastronomía y las tradiciones son un componente fundamental del presente de la Jacetania y los Valles. En Ansó, en agosto, se celebra el día del traje, acto en el que los ansotanos y ansotanas lucen los trajes tradicionales. En Hecho, llaman poderosamente la atención las numerosas esculturas de sus prados añejos, resultado de la organización en 1975 del Primer Simposio Internacional de Escultura, que fue inicio de un interesante museo al aire libre.
Jaca, ciudad en la que se funden la historia y la modernidad, cuenta con la única pista de hielo del Pirineo. Entre los acontecimientos musicales o fiestas de mayor interés se encuentra el Primer Viernes de Mayo -fiesta de gran tradición en la Jacetania-, el Festival Folklórico de los Pirineos, que concentra en la ciudad pirenaica manifestaciones folklóricas de todo el mundo durante la primera semana de agosto de los años impares y el Festival Internacional en el Camino de Santiago, que reúne a los principales intérpretes de música antigua en los exclusivos escenarios románicos de la ciudad y algunas localidades del entorno.
Una gastronomía variada y típicamente pirenaica completa la oferta de este territorio, entre la que cabe destacar los boliches de Embún, el bacalao al ajoarriero, las migas a la pastora o los espárragos montañeses.