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Ribagorza
es el territorio más oriental de la provincia de Huesca. Lindante
con Lérida y Francia, debe su denominación al condado medieval
que incluía los valles de los ríos Ésera,
Isábena y Noguera-Ribagorzana.
Cada valle ribagorzano se conforma como un itinerario en el que naturaleza,
historia y tradiciones conservadas hasta nuestros días, se funden
para ser disfrutadas por el visitante.
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Graus
y Benabarre son puntos de entrada
natural a Ribagorza. En estas villas y en cada itinerario se multiplican
las muestras de arte. Graus ofrece al viajero un casco antiguo lleno de
vestigios históricos. Destacan su plaza Mayor, la basílica
de la Peña y las puertas de Chinchín,
de Linés y de Barón.
Hacia el norte, las mayores alturas de los Pirineos se hacen cercanas.
El Aneto y la Maladeta
dominan el paisaje y la orografía, jugueteando con el cauce del
Ésera e integrándose en el Parque
Natural Posets-Maladeta. Perarrúa,
Besians y Campo,
desde donde pondremos acercarnos hasta las Vilas
del Turbón. El congosto de Ventamillo
-impresionante desfiladero después de pasar Seira
(iglesia del antiguo Monasterio visigótico
de San Pedro de Tabernas)- es la puerta de la parte más alta del
valle del Ésera que abre en el Run
donde puede visitarse la ermita de
la Virgen de Gracia, de estilo románico-lombardo. Castejón
de Sos, centro de servicios y lugar ideal para la práctica
del vuelo libre y del parapente, Chía
(ermita de San Martín s. XIII),
Villanova (iglesia
románica de Santa María y San Pedro), Urmella
(Santos Justo y Pastor), Eriste y
Benasque (palacio
de los Condes de Ribagorza, casa Juste e iglesia de Santa María
la Mayor). El punto más alto de este valle ribagorzano es Cerler,
magnífica estación invernal que permite la práctica
del esquí en cotas de 2.600 metros.
La práctica de la caza en la Reserva Nacional de Caza Mayor de Benasque o de la pesca en los ríos Ésera e Isábena, se complementan para el amante de la naturaleza con la recolección de setas durante el otoño, convirtiendo esta zona en un escenario turístico inigualable. |
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Cada
río de Ribagorza descubre al viajero impresionantes y variadas
posibilidades para el tiempo libre. El Isábena
nos invita al sosiego y a la contemplación de la historia en sus
múltiples monumentos. Roda de Isábena
ofrece una estampa inconfundible, construida sobre un monte plano coronada
por la torre de la iglesia (catedral
de san Vicente y san Valero, cripta y sepulcro de san Ramón). Hacia
el norte el valle se estrecha -congosto de Obarra-
y nos descubre el monasterio de santa María de Obarra (románico
lombardo s. XI). Bonansa, Laspaúles,
Serraduy y la Puebla
de Roda son nombres ligados a la historia de este valle.
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El
tercero de los valles de Ribagorza, el más oriental y que sirve
de límite entre las provincias de Huesca y Lérida, es el
del Noguera Ribagorzana. Benabarre,
capital del condado desde su conquista en 1058 por Ramiro I a los musulmanes,
es el punto de entrada natural a este valle. La nobleza de estas tierras
se evoca en cada uno de los rincones de la villa, si bien cabe destacar
la plaza Mayor, el recinto amurallado e iglesia de su castillo, el museo
de Arte Sacro...
Las muestras de arte en Ribagorza Oriental se multiplican en cada localidad. Tolva (s. XII), la antigua fortaleza medieval de Luzás (s. XI), Montañana (declarada monumento histórico-artístico), Arén (soberbia plaza Mayor presidida por la casa del Gobernador del castillo) y en Sopeira el monasterio de Alaón (presumiblemente de origen visigodo). Monumentos, historia, paisajes... nos llevan, siguiendo el cauce del Noguera Ribagorzana, hasta Montanuy, desde donde podremos realizar numerosas excursiones. Elementos que llenan la estancia del viajero de sutiles descubrimientos. |
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