
El Bajo Cinca es un territorio unido íntimamente al agua. No en vano, en sus llanuras se unen los cauces de los ríos Cinca, Segre y Ebro, regalando a la naturaleza un paraje de gran valor ecológico: el Acuabarreig, situado en el término municipal de Mequinenza y un entorno que atrae cada año a ornitólogos de toda Europa.
Cerca se localizan otros dos grandes embalses: Ribarroja y Mequinenza precisamente, éste último ha sido elegido en varias ocasiones como campo de regatas por los regatistas de la universidad británica de Oxford.

Las aguas del Cinca riegan la extensa superficie destinada a la fruticultura, fuente de riqueza económica de la zona, apuntalada también por las industrias de transformación vinculadas por esa actividad primaria. El Cinca también dota de contrastes al territorio y, al lado de las frondosas riberas del río podemos encontrar también áridas tierras, como el desierto de los Monegros, que también se interna en esta comarca. No obstante, los otros paisajes marrones de los entornos de Fraga, Candasnos, Ontiñena, Ballobar, Torrente de Cinca o Mequinenza, cada vez se van tiñendo más de verde gracias a la llegada del regadío.
Villa Fortunatus. De la importancia que tuvo para los romanos el Bajo Cinca dan buena Muestra los restos Hallados en 1879 de una residencia perteneciente a un rico hacendado romano.
Las excavaciones descubrieron interesantes mosaicos, en uno de los cuales figura el nombre de “Fortunatus”, que acabó dando nombre al propio yacimiento. Las orillas del Cinca, la rica huerta que los romanos a todas luces descubrieron, ha llegado hasta nuestros días.